1. DARK SIDE OF THE STRAWBERRY
  2. Capítulo 1 La investigación
  3. Capítulo 2 La historia
  4. Capítulo 3 Los detalles
  5. Capítulo 4 El productor
  6. Capítulo 5 La escuela
  7. Animación La fresa moderna
  8. Mapa Pesticidas en California

Paul Helliker tenía un trabajo para Dow AgroSciences.

Como director del Department of Pesticide Regulation (DPR), Helliker permitió que algunos productores ignoraran las restricciones para el uso de un pesticida llamado 1,3-Dichloropropene, que según el estado provocaba cáncer.

El pretexto era que su uso iba a ser temporario. Helliker dio a Dow, la empresa que fabrica 1,3-D, y a los productores dos años para crear un plan para seguir las reglamentaciones del departamento o crear nuevas reglas.

A Dow le llevó menos de un año entregar su propuesta. Sin embargo, el plan de la empresa no acabó con el pretexto. En realidad, lo expandió.

Dow pidió al director Helliker que permitiera a los productores en todo el estado usar el doble de 1,3-D en un año mientras las reglas lo permitieran. Y la empresa quería que esto ocurriera rápidamente. Dos empleados de Dow, Bryan Stuart y Bruce Houtman, cerraron su propuesta diciendo que “la implementación va a comenzar inmediatamente después de recibir la aprobación” de Helliker.

Seis días más tarde Helliker estableció un acuerdo con el plan de Dow.

Con un simple memo Helliker desmanteló en 2002 el estricto control diseñado siete años antes para proteger a los californianos contra el cáncer, abriendo la puerta a 12 años de acceso casi sin restricciones al 1,3-D al mismo tiempo que su uso se dispersaba hacia áreas pobladas cerca de escuelas, hogares y comercios.

La decisión ubicó a gente de más de 100 comunidades de California a un nivel de riesgo de cáncer más alto de acuerdo con entrevistas con ex científicos estatales y documentos obtenidos por The Center for Investigative Reporting. El sistema de excepciones, que ha continuado bajo el mando de dos directores posteriores, va en contra de la misión señalada por el departamento de proteger el bienestar de los residentes de California.

Joseph Frank, un toxicólogo estatal retirado, cuyo equipo evaluó la exposición humana ante el 1,3-D, dijo que la gente en esas comunidades debería pedir respuestas.

“Deberían preguntar a sus representantes: ¿Por qué?”, comentó.

El viejo pretexto también se expandió a un mercado clave para Dow, permitiendo la venta de varios millones más de libras de químicos en un estado que provee a Estados Unidos con casi la mitad de todas sus frutas, vegetales y nueces.

Este producto químico es el tercero entre los pesticidas más usados en California.

California tiene una relación larga y tortuosa con 1,3-D, un bioproducto de fabricación plástica que a menudo se vende con el nombre de marca Telone.

En 1990 el estado sacó de pronto al 1,3-D del mercado después de enterarse de cuánto permanecía en el aire cerca de los campos de granjas del Valle Central. Después de cinco años y $5 millones en investigaciones, Dow persuadió al estado para que permitiera regresarlo al mercado con restricciones severas.

Como respuesta a preguntas de CIR, Dow dijo que ningún uso de 1,3-D en la agricultura presenta riesgos de cáncer. Y la compañía agregó que posee más investigaciones que demuestran que los límites existentes son demasiado conservadores.

En una entrevista. Helliker sostuvo que su decisión de alterar la política de pesticidas en 2002 no puso en peligro a los californianos. Como las regulaciones estatales promedian el riesgo del cáncer a lo largo de la vida, Dow y los reguladores estatales dijeron que está bien que la gente quede expuesta a más 1,3-D en algunos años siempre y cuando esto se balancee con el tiempo.

Helliker dijo que no recuerda si los científicos de su departamento estuvieron en desacuerdo con su decisión. Pero los documentos obtenidos por CIR demuestran que un toxicólogo del estado objetó la ciencia y la lógica en cuanto Dow comenzó a tratar la idea en 2001.

Ocho años más tarde un nuevo grupo de líderes del departamento recibió advertencias similares de otro científico del personal. La toxicóloga Linda Hall disputó la justificación básica que Dow y Helliker usaron para crear el pretexto (para usar 1,3-D).

“Los científicos del Department of Pesticide Regulation (DPR) no están de acuerdo y sugieren que esta práctica podría en realidad aumentar el riesgo de cáncer”, escribió Hall.

A pesar de ello los líderes del departamento no pusieron fin a esta práctica.

Chensheng Lu, un profesor asociado de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, comparó la idea de promediar (el uso de químicos) con beber y conducir. Si una persona es detenida una vez y está sobria, pero la detienen una segunda vez y el nivel de alcohol en la sangre es dos veces más alto que el límite legal, no se pueden promediar los dos incidentes y decir que todo está bien.

“Este es un enfoque muy peligroso”, dijo Lu.

*** 

La súplica de Dow llegó en un momento clave para la agricultura de California. Un tratado internacional había prohibido el popular pesticida bromuro de metilo por dañar la capa de ozono. Los agricultores de camote necesitaban algo para llenar el vacío.

Pero en los años siguientes, el 1,3-D se ha convertido en un producto químico cada vez más crucial para los productores de fresas de California, las personas que afirmaban que estarían más afectadas por la prohibición del bromuro de metilo.

La transición muestra la importancia de la dependencia de químicos en la industria de las fresas de estos tiempos: Los productores dependen de grandes cantidades de fumigantes, para entregar fresas todo el año a un precio accesible para los consumidores. Como a las fresas les gusta desarrollarse donde a la gente le gusta vivir, en la perpetua primavera de la costa de California, los productores usan pesticidas a menudo cerca de escuelas, hogares y comercios.

Los problemas de salud y medio ambiente que provienen de esos pesticidas han amenazado las bases de una industria de $2.6 billones que provee a los americanos con 9 de las 10 fresas que comen.

A pesar de que la mayor parte del mundo desarrollado ha cambiado hacia otros métodos de agricultura, los productores de fresas de California han resistido la prohibición del bromuro de metilo. Casi una década después de suponerse que el pesticida sería prohibido, los productores de fresas del estado han evitado la fecha límite argumentando que esto podría provocar una ruina financiera. Actualmente usan alrededor del 90 por ciento de todo el bromuro de metilo en el mundo desarrollado.

Mientras tanto, los productores de fresas y las empresas de químicos han completado un ciclo de un químico potencialmente peligroso hacia otro para tratar de reemplazar el bromuro de metilo.

La producción de fresas puede ser un negocio que no perdona. La fruta es frágil y las tierras son caras, entonces los productores rocían el suelo con fumigantes para quitar toda vida posible debajo de la superficie, una especie de política de seguro contra plagas futuras.

A pesar de que las fresas ocupan menos del 1% del total de las tierras de cultivo de California, representan al menos 8% de los pesticidas usados en el estado. Los tres códigos postales del estado con el mayor uso de pesticidas están en dos de los mejores condados para la producción de fresas, Ventura y Monterey.

Los fumigantes no dejan residuos en las frutas y no presentan riesgos para los consumidores. Pero aun cuando son usados correctamente, se convierten en gases difíciles de controlar que flotan en el aire, afectando a trabajadores y residentes. Han sido relacionados con el cáncer, problemas de desarrollo y el agujero en la capa de ozono.

Autoridades estatales de salud pública clasifican a los fumigantes como bromuro de metilo, metam sodio y cloropicrina entre los más peligrosos potencialmente para trabajadores y vecinos.

Ellos se han convertido en una razón clave para la producción de fresas en Estados Unidos y su consumo se ha disparado. Sin los fumigantes, advierte la industria, los productores perderían sus negocios, los trabajadores de granjas perderían sus trabajos y la gente debería pagar más en los mercados.

El jefe del Departamento de Regulación de Pesticidas, Brian Leahy, dice que la agencia está estudiando alternativas para los fumigantes pero no ha surgido una solución clara.
El jefe del Departamento de Regulación de Pesticidas, Brian Leahy, dice que la agencia está estudiando alternativas para los fumigantes pero no ha surgido una solución clara.Crédito: Sam Hodgson para CIR Credit: Sam Hodgson para CIR

Brian Leahy, actual director del Department of Pesticide Regulation (DPR), dijo que desea que fumigantes desaparezcan, pero no imagina que esto suceda. El departamento y los productores están investigando alternativas, pero aún no ha surgido ninguna solución clara.

“Hasta que hayamos descubierto una forma confiable para que los productores cultiven alimentos sin fumigantes, creo que van a seguir usando fumigantes”, señaló Leahy. “Eso significa que simplemente debemos continuar regulándolos y establecer medidas de protección que realmente hagan el trabajo de proteger.”

***

Más de 1 millón de personas viven en las 100 comunidades donde los productores sobrepasaron los límites de salud originales del 1,3-D.  

El estado ha permitido a productores de seis comunidades desde Merced hasta Santa Bárbara que excedan los límites cada año desde 2002. Algunas áreas de Merced y centros freseros como los condados de Monterey y Ventura han excedido el límite con cantidades sorprendentes.

Cerca de la New Republic Elementary School en Salinas, por ejemplo, los productores y Dow han podido usar un total de 1.3 millones de libras más de 1,3-D que lo permitido por las reglas originales.

En la costa de Oxnard, la Río Mesa High School está encajonada por los cuatro costados por campos de fresas. Está más rodeada por varios de los pesticidas más peligrosos que cualquier otra escuela del estado. Aquí los productores sobrepasaron los límites de salud originales de 1,3-D 10 veces en 12 años.

La Escuela Secundaria Río Mesa en Oxnard, California, está rodeada por campos de fresas por los cuatro costados.
La Escuela Secundaria Río Mesa en Oxnard, California, está rodeada por campos de fresas por los cuatro costados.Crédito: Sam Hodgson para CIR Credit: Sam Hodgson para Reveal

El equilibrio entre la agricultura y la salud pública juega un rol muy fuerte aquí. La ciudad costera de más de 200,000 residentes, una extraña mezcla de cul-de-sacs y agricultura, está a sólo 35 millas de los límites de la ciudad de Los Angeles.

En los jardines de atrás de las casas suburbanas estilo rancho, las cercas se abren a los vastos campos de fresas. Una sola calle separa las “townhouses” costeras de los campos.

Ingrid Brennan es pragmática acerca de lo que ella puede controlar y lo que no puede viviendo aquí en el Condado de Ventura. Ella compra fresas orgánicas para sus dos jóvenes hijas. Para evitar la dispersión directa de pesticidas, escogió una casa a más de una milla de un campo.

La maestra Ingrid Brennan de la Escuela Secundaria Río Mesa, aquí con su hija Sadie, dice que le gustaría saber más sobre los riesgos de los pesticidas para la salud.
La maestra Ingrid Brennan de la Escuela Secundaria Río Mesa, aquí con su hija Sadie, dice que le gustaría saber más sobre los riesgos de los pesticidas para la salud.Crédito: Sam Hodgson para CIR Credit: Sam Hodgson para CIR

Pero a Brennan le gusta ser maestra de inglés. Cada día va a trabajar en Río Mesa. Ha quedado embarazada dos veces mientras trabajaba en la escuela y mientras sus hijas estén saludables, el impacto potencial para la salud por trabajar al lado de pesticidas se cierne en el fondo de su mente. Como muchos maestros de la escuela, ella querría saber más sobre el tema.

“Realmente no tenemos idea de la exposición que tienen el personal y los estudiantes”, dijo Brennan. “Podría haber una gran exposición o nada de ella. Podría haber una exposición periódica. Según lo que yo sé y puedo contar, esto no es algo que sabe cualquiera”.

El estado sí sabe. Sus monitores de aire muestran que el 1,3-D se mantiene en el aire alrededor de Río Mesa. Simplemente los maestros y el director no tenían idea de eso.  

Capítulo 2

 

Cómo una arma química se convirtió en pesticida

Los productores de fresas de California usan alrededor del 90% de todo el bromuro de metilo en el mundo desarrollado.
Los productores de fresas de California usan alrededor del 90% de todo el bromuro de metilo en el mundo desarrollado.Crédito: Sam Hodgson para CIR

Para comprender cómo estos gases acabaron siendo inyectados en el suelo para ayudar a cultivar frutas, es necesario regresar a una vieja arma química que las tropas británicas llamaban “gas vomitivo”.

 

Durante la primera Guerra Mundial, los ejércitos usaron un químico llamado cloropicrina para penetrar en las máscaras de gas utilizadas por soldados que peleaban en Europa. Los soldados vomitaban, y se veían forzados a quitarse sus máscaras y exponerse a otros químicos tóxicos.

Después de la guerra, a Estados Unidos le sobró mucho de este gas y no tenía nada que hacer con él.

Las sobras fueron enviadas a Hawái, donde la industria de la piña intentó usar el químico para erradicar gusanos molestos en el suelo. Los resultados fueron increíbles: un acre tratado con cloropicrina produjo 20 toneladas más de piñas que un acre sin dicho tratamiento.

La innovación de Hawái marcó el comienzo de un nuevo género de pesticidas. Los investigadores en otras industrias llevaron a cabo más estudios de búsqueda de químicos gaseosos que podían acabar con las plagas en el suelo y dejar una base limpia para plantar cultivos.

Los productores tuvieron entonces una nueva arma para combatir un persistente problema.

Todo tipo de hongos y parásitos viven debajo del suelo. Los gusanos de alambre excavan dentro de los camotes. Los nematodos, otro tipo de gusano, son devastadores para los árboles de almendras. El verticillium puede extenderse por toda una región, atacando raíces de plantas y acabando con grandes extensiones de campos de fresas.

En los años ’50 científicos de la Universidad de California experimentaron con cloropicrina en los campos de fresas, usando pistolas de mano para inyectar cientos de libras de este químico en un acre de suelo. En 10 años casi todos los campos de fresas del estado estaban siendo tratados con una combinación de cloropicrina y otro fumigante, bromuro de metilo.

Las fresas ocupan menos del 1% del total de las tierras de cultivo en California pero representan al menos 8% de los pesticidas usados en el estado.
Las fresas ocupan menos del 1% del total de las tierras de cultivo en California pero representan al menos 8% de los pesticidas usados en el estado.Crédito: Sam Hodgson para CIR

Para mediados de la década del ’60 la producción de fresas había cambiado radicalmente. La Universidad de California y Driscoll’s, un gran productor, iniciaron variedades más resistentes que les permitían producirlas durante todo el año. Los productores comenzaron a reemplazar las plantas cada año, lo cual redujo las plagas y las enfermedades. También aprendieron a mimetizar la progresión natural del invierno a la primavera empezando a plantar las plantas en el frío invierno del norte de California y luego enviándolas a la costa, donde hay un clima parecido a la primavera todo el año.

Con esos avances y los nuevos cócteles químicos, los productores de fresas de California duplicaron la cantidad de frutos que podía producir un sólo acre.

Este auge en la producción también coincidió con la expansión del sistema de rutas interestatales y nuevos métodos de refrigeración y empaques. Las rutas interestatales hicieron posible llegar a mercados en la Costa Este.

La fruta frágil estaba destinada a ser una mina de oro. Pero el consumo de los americanos no se mantenía.

Los granjeros tenían la oferta. Necesitaban la demanda.

Dave Riggs estaba a cargo del mercadeo para el grupo de productores comerciales de fresas en ese momento. Riggs se enteró de que American Greetings Corp., un fabricante de tarjetas, estaba considerando algunas opciones para un nuevo personaje. La asociación de productores brindó los datos argumentando que la fresa era la mejor elección. Finalmente la empresa se decidió por Strawberry Shortcake, un pastel de fresas.

“A todos les gustan las fresas”, dijo Riggs.

Las fresas habían comenzado a aparecer en la tapa de los envases de Cool Whip. Riggs buscó otros productos que combinaban bien con las fresas como bocadillos de chocolate, coberturas de pasteles y daiquiris. Rápidamente las fresas aparecieron en cajas de Corn Flakes y Cheerios.

Cada año Riggs viajaba a Nueva York para visitar las revistas más populares para mujeres. Hablaba con editores de Ladies’ Home Journal, Redbook y Good Housekeeping sobre la temporada de fresas y les daba ideas para recetas.

Actualmente los americanos comen cuatro veces más fresas frescas que en la década del ’70.

Ahora los productores no tenían otra alternativa. Los fumigantes ayudaban a producir más fresas y habían convertido a una industria implacable en algo más seguro.

La industria moderna de fresas de California se había construido sobre la base del bromuro de metilo y la cloropicrina. Pero la destrucción de la capa de ozono estaba a punto de amenazar sus bases.

***

Rod Koda, productor de fresas de Watsonville, California, usa bromuro de metilo en forma preventiva cada año para evitar potenciales problemas.
Rod Koda, productor de fresas de Watsonville, California, usa bromuro de metilo en forma preventiva cada año para evitar potenciales problemas.Crédito: Sam Hodgson para CIR

Si hablas con Rod Koda, probablemente te pida -en su modo amistoso y riéndose- que rocíes con Lysol las suelas de tus zapatos.

El rancho de Koda en Watsonville es una extensa colina con vista al Océano Pacífico y es tan pintoresca que parece que tendría que haber sido comprada hace mucho tiempo por un country club de élite o un hotel de cuatro estrellas.

Koda, como muchos productores de fresas, tiene miedo de lo que se esconde bajo la tierra. No está seguro del suelo en el que otros estuvieron caminando antes o qué tipo de flagelos otras personas podrían arrastrar desde los campos de otros productores.

Por eso el bromuro de metilo es tan importante para él. Las historias de una generación pasada todavía lo atormentan: A fines de los ’50 un flagelo de plantas llamado estrellas rojas arrasó con la zona, forzando a los productores a abandonar sus tierras. El hongo infecta las raíces de las plantas y las mata o las hace menos productivas. Las estrellas rojas pueden quedarse en el suelo por más de una década.

En la actualidad productores como Koda usan fumigantes en forma preventiva cada temporada para evitar potenciales problemas. El bromuro de metilo es especialmente importante en California, donde los productores dicen que las condiciones -como el alto costo de tierras y el tipo de suelo- hacen las cosas inciertas.

La producción de fresas es un negocio de alto riesgo y grandes recompensas. Los fumigantes ayudan a los productores a amortiguar ese riesgo.

Koda crió tres niños en una modesta casa color azul marino sobre el borde oeste de la propiedad. Todavía vive allí con su esposa, quien maneja las finanzas de la granja.

Koda no está muy preocupado por el impacto en la salud al vivir o trabajar cerca de fumigantes.

“Todavía estoy aquí. No he mutado”, bromeó.

El bromuro de metilo es un gas fantasma. No tiene olor ni color. Las compañías químicas lo fabrican destilando la reacción entre dos químicos, metanol y ácido bromhídrico. También se filtra en forma natural en pequeñas cantidades de algas y algas marinas.

Una vez que se limpian los campos de las plantas de fresas de la última temporada, la versión fabricada se combina con otro químico como cloropicrina y se bombea más de un pie de profundidad en el suelo con un tractor de metal corpulento que parece un Zamboni con brazos que parecen pistolas de tatuaje.

El gas va por el suelo, matando hierbas, hongos y bacterias. Es tan potente que no se puede sembrar nada durante casi dos semanas después porque también moriría.

Inevitablemente se escapa algo de ese gas altamente tóxico. Los trabajadores y vecinos pueden respirarlo y esto les da dolores de cabeza o vómitos. Algunos estudios descubrieron una conexión entre vivir y trabajar cerca de estos químicos y el desarrollo de problemas neurológicos y reproductivos. Pero en los ’70 la preocupación principal era qué ocurría cuando ese gas se desviaba hacia a la atmósfera.

Los humanos habían comenzado a aprender que los químicos que usaban para mantener fríos sus refrigeradores estaban creando un agujero en la capa de ozono. Una capa de ozono dañada podría llevar a un incremento en el riesgo del cáncer y a dañar plantas y vida marina.

También se culpó al bromuro de metilo como la causa del 5 al 10 por ciento de la desaparición de la capa de ozono.

Eventualmente las naciones del mundo se unieron para tomar acción y firmaron el Protocolo de Montreal en 1987. Cinco años más tarde, el bromuro de metilo se convirtió en el único pesticida prohibido por el tratado.

El acuerdo demandaba que el pesticida estuviera fuera de uso en todos los países desarrollados en 2005.

Hoy el Protocolo de Montreal es considerado como el más exitoso tratado ambiental internacional que se haya firmado.

Sin embargo, los productores de fresas de California han luchado contra la prohibición desde el inicio. Ellos dijeron que no tienen alternativas para el bromuro de metilo a pesar de los millones de dólares en investigaciones. También sostuvieron que la ciencia global no aplica para las condiciones únicas de California. Los productores financiaron estudios que advertían que sin el bromuro de metilo su industria sufriría profundamente.

Los autores del Protocolo de Montreal crearon una vía de escape para asegurar que el tratado no resultara un desastre económico. Un país puede obtener excepciones si demuestra que no hay alternativas viables y que la falta de bromuro de metilo pondría a la industria en un aprieto financiero. Esos casos son conocidos en forma burocrática como “excepciones para usos críticos”. La industria de las fresas en California ha dominado a ellos.

Casi una década después que se suponía que el bromuro de metilo iba a ser prohibido en el mundo desarrollado, los productores de fresas de California son principalmente los únicos que todavía lo usan. Ellos obtuvieron alrededor del 90% de las excepciones emitidas globalmente este año, de acuerdo con el reporte de la reunión del comité del Protocolo de Montreal.

El uso de bromuro de metilo por parte de los productores de California bajó 60% entre 1991 y 2012. Pero el estado aún ha usado casi un millón de libras de este químico este año mientras otros países productores de fresas como España y Japón no lo han utilizado.

Más allá del daño ambiental, el bromuro de metilo también presenta serios riesgos para la salud. El año pasado un grupo de investigadores de UC Berkeley encontró una conexión entre el vivir cerca del uso del bromuro de metilo y dar a luz bebés que eran más livianos, más cortos y con cabezas más pequeñas.

Aún así es sólo una cuestión de tiempo antes de que el uso del bromuro de metilo se detenga en lugares como Oxnard. Estados Unidos dijo que no va a buscar excepciones para sus productores de fresas después de 2016.

Los productores de fresas de California casi consiguieron un reemplazo con un pesticida llamado yoduro de metilo. En 2010 el estado permitió su uso a pesar de advertencias de ganadores del Premio Nobel y científicos del personal estatal que creían que era extremadamente peligroso para la salud humana.

Pero después que un juez forzó a reguladores de California a dar a conocer documentos internos, el fabricante de pesticidas lo sacó del mercado.

En cambio, la industria se volvió cada vez más hacia el 1,3-D y el uso entre productores de fresas se disparó más de 200% en la última década.

Y este químico trae su propio trasfondo sórdido.

Capítulo 3

 

Compañía de pesticidas hace realidad su deseo

Los fumigantes han sido relacionados con el cáncer, problemas de desarrollo y el agujero en la capa de ozono.
Los fumigantes han sido relacionados con el cáncer, problemas de desarrollo y el agujero en la capa de ozono.Crédito: Sam Hodgson para CIR

Por unos días en la primavera de 1990, Lynn Baker condujo las rutas de dos carriles que se recortan a través de los campos de camote, buscando lugares para colocar sus monitores de aire.

Al principio todo parecía una rutina. Baker, optimista e imperturbable, conducía tres o cuatro estudios de pesticidas tóxicos por año. La mayor parte del tiempo, en las pruebas no aparecían resultados muy notables. Baker ponía cinco monitores en los techos de las escuelas y estaciones de bomberos y regresaba a su oficina de la Comisión de Recursos de Aire de California para esperar los resultados.

Dos semanas más tarde de iniciar los estudios comenzaron a llegar datos. Eran sorprendentes. Un monitor ubicado en una escuela media de Merced registró niveles de 1,3-D que eran 800 veces mayores a lo que el estado consideraba aceptable para un día.

Inmediatamente Baker tomó el teléfono para llamar a los reguladores de pesticidas del estado. El jefe no estaba ese día y Jim Wells estaba a cargo. Un abogado ingresó a la reunión de Wells para llevar la noticia. En un primer momento no ocurrió nada. Cinco minutos pasaron y entonces Wells se dio cuenta de que tenía que actuar.

Unos días después del descubrimiento de Baker, el químico fue retirado del mercado. Wells recuerda el día en el calendario: viernes 13. Aún recuerda claramente los detalles.

“Es como cuando Kennedy fue asesinado”, dijo Wells, que luego se convirtió en director del departamento y más tarde consultor para Dow AgroSciences, la Comisión de Fresas de California y otras organizaciones.

Pero Dow, el fabricante del pesticida, no iba a dejar que el 1,3-D desapareciera de uno de sus de sus mercados agrícolas más importantes sin pelear.

Jim Wells, ex oficial de pesticidas de California, dijo que fue “fue como cuando Kennedy fue asesinado” el día de 1990 en que supo de altos niveles de 1,3-D en Merced.
Jim Wells, ex oficial de pesticidas de California, dijo que fue “fue como cuando Kennedy fue asesinado” el día de 1990 en que supo de altos niveles de 1,3-D en Merced.Crédito: Sam Hodgson para CIR

Durante los siguientes cinco años Dow se embarcó en una campaña de investigación de $5 millones para persuadir al estado de que el químico podía ser usado con seguridad. La empresa se enfocó en nuevas maneras de aplicar 1,3-D para que se escapara menos del producto al aire. En 1995 California decidió que la investigación de Dow había demostrado que el 1,3-D podía usarse con seguridad nuevamente. El estado estableció condiciones: puso reglas estrictas sobre cuánto y dónde podría usarse.

Para limitar el riesgo de cáncer para el público, los reguladores necesitaban una manera de controlar cuánto se usaba en cada comunidad. Pero las grandes diferencias de tamaño entre las ciudades y los condados hacía difícil hallar un modo uniforme de regular el pesticida.

Dow encontró una manera de dividir el estado en partes de tamaños iguales, usando una medida poco conocida y llamada municipio (township) -generalmente un cuadrado de 6 por 6 millas- que había sido creada para la topografía después de la Guerra de la Independencia. A los efectos de esta historia, CIR se refiere a estos municipios como “comunidades”.

Los reguladores arribaron a un número que sus científicos pensaron que sería apropiadamente cauto: 90,250 libras de 1,3-D por municipio. Los productores de cada municipio podían compartir esta cantidad cada año.

El estado creó el actual sistema de municipios en 1999. Por dos años, los productores y Dow convivieron dentro de ese sistema. Entonces los productores dijeron que necesitaban más. Y Dow hizo saber que quería liberarse de las restricciones que Dow había ayudado a diseñar para poder usar 1,3-D otra vez en más campos de California.

***

Para 2001 el Congreso había comenzado a limitar la producción e importación de bromuro de metilo y el uso entre granjeros había disminuido a la mitad en dos años. Los productores de camote, que también dependían de los fumigantes, querían ayuda. Entonces los reguladores estatales, citando “la severa crisis” que enfrentaban los productores, decidieron hacer una excepción a las estrictas reglas para el 1,3-D.  

El estado dio permiso a cinco municipios para usar más 1,3-D.

Paul Helliker, entonces director del Department of Pesticide Regulation (DPR), reconoció en un memo en 2001 que las excepciones permitirían que la gente de esas comunidades estuviera más expuesta al 1,3-D que lo permitido por las regulaciones.

Por esa razón, dijo Helliker, permitiría las excepciones por sólo dos años. Luego de ello, Dow y el estado deberían someterse a las reglas o crear otras nuevas reglas, decía el memo.

Menos de un año más tarde, sin embargo, Bryan Stuart, de Dow, y Bruce Houtman escribieron una carta a Helliker recomendando que permitiera a los productores aplicar hasta dos veces el límite de cada municipio en todo el estado. Stuart, gerente de relaciones del gobierno, y Houtman, gerente regulatorio global, argumentaron que mientras el promedio de exposición de la gente se mantuviera igual durante toda la vida, el estado debería permitir que los productores sobrepasaran ese límite en alguno de los años.

Para que esto funcione, Dow propuso la idea de crear un banco de 1,3-D para cada municipio. Funcionaría como teléfonos celulares con minutos acumulados: Si los productores de un municipio no utilizaban todos sus fumigantes asignados en años anteriores, podrían usar esa cantidad en los próximos años.

La toxicóloga estatal Nu-may Reed ya había impugnado la idea en un memo a sus superiores cuando Dow comenzó a tratar dicha idea. El plan de Dow de promediar la exposición de las personas excluía las décadas de mucho uso de 1,3-D antes de que fuera retirado del mercado en 1990, hizo notar Reed.

Reed agregó: “Contar cualquier ‘crédito’ acumulado de sólo los últimos años de uso bajo sin mirar la imagen total es algo que sirve para el interés propio y no tiene ninguna base lógica, racional o científica de apoyo.”

Asimismo, Reed reiteró la preocupación anterior. El estado había establecido el nivel de riesgo que creía confortable con el 1,3-D: Estaba bien que el pesticida causara un caso de cáncer adicional por cada 100,000 personas. Reed pensó que debería haber un caso adicional por cada millón de personas, una cifra que habría restringido significativamente la forma en que 1,3-D podría ser utilizado en el estado.

A pesar de las objeciones de Reed, Helliker dio luz verde a Dow. El plan que acordó era claro: Nadie podía utilizar más que de lo que había ahorrado en años anteriores.

Pero el estado comenzó a permitir que Dow y los productores hicieran eso precisamente antes de que Helliker dejara el departamento en 2004 y continuó haciendo lo mismo bajo los dos directores siguientes.

El Department of Pesticide Regulation (DPR) permitió a Dow y productores de 11 municipios dejar que su cuenta de 1,3-D alcanzara números rojos. En un área de Merced, los productores y Dow quedaron con una deuda de más de 1 millón de libras.

Dow fue el encargado de recoger y supervisar datos sobre el uso de 1,3-D en los municipios. Cuando un productor solicitaba el pesticida en un municipio que ya había llegado a su límite, a menudo Dow enviaba un pedido al departamento para pedir permiso para usar más. En un principio, las solicitudes procedían directamente de la Comisión de Fresas de California o un correo electrónico de Jim Wells, el director del departamento, convertido en consultor.

El departamento concedió entonces lo que llamó un “incremento temporario” de 1.3-D.

En 2008, Dow quería eliminar las excepciones y aumentar el límite municipal de 90,250 libras hasta alrededor de 135,375 libras. Y la compañía química quería una nueva excepción: Dow solicitó al estado que permitiera a los productores pedir hasta cuatro veces el nuevo límite. La directora asistente Marylou Verder-Carlos pidió a los científicos del personal que estudien la solicitud.

Un año más tarde, la toxicóloga Linda Hall escribió un memo oponiéndose a la propuesta. También cuestionó la base subyacente para todo el sistema de las excepciones propuestas por Dow y Helliker. El sistema “puede en realidad aumentar el riesgo de cáncer”, escribió.

“No tenemos conocimiento de un fundamento científico defendible para justificar tal práctica”, continuó Hall. Su opinión era similar a la que Reed expresó al comienzo del proceso.

Verder-Carlos describe el memo de Hall como “una conclusión muy fundamental.” Verder-Carlos contó que su equipo dijo a los principales encargados de tomar decisiones que el 1,3-D era un problema. “Tenemos que hacer algo.”

El departamento rechazó la solicitud de Dow para una regulación menos estricta. Y Verder-Carlos también hizo algo que el departamento no había hecho desde que instaló el sistema de Dow: Ella negó una solicitud de Dow en nombre de los productores de Merced para excederse del límite municipal.

Sin embargo, la sensación de precaución en el departamento resultó ser fugaz. Esa fue la única solicitud de excepción que el departamento negaría. El sistema Dow continuó sin detenerse tras las preocupaciones iniciales de Verder-Carlos.

Los trabajadores agrícolas se preparan para fumigar un campo de fresas en el condado de Ventura, California.
Los trabajadores agrícolas se preparan para fumigar un campo de fresas en el condado de Ventura, California.Crédito: Sam Hodgson para CIR

En nombre de los productores, Dow continuó pidiendo permiso para usar más 1,3-D que lo permitido por el plan. El estado continuó aprobando las solicitudes. Científicos internos advirtieron que el plan podría aumentar el riesgo de cáncer de los californianos. Los datos del monitor estatal del aire preocupaban a los reguladores. Pero los funcionarios del departamento no pararon de conceder excepciones.

La directora en ese momento era Mary-Ann Warmerdam. Durante sus siete años como directora, el estado otorgó la mayor parte de sus excepciones para el 1,3-D. Ahora ella trabaja para The Clorox Co. y no quiso hacer comentarios al respecto, citando la política de la empresa.

El razonamiento del estado por no detener el sistema: Tomar decisiones basadas en la ciencia. Para poner fin a las exepciones, las autoridades dijeron que querían los datos de monitoreo del aire para respaldar lo que los modelos informáticos les decían.

“Queríamos asegurarnos de que el modelo de datos estaba validado por datos reales de control”, dijo Verder-Carlos. “Para eso se necesita tiempo”.

Dow no inició la recolección de datos hasta el año 2010.

El 9 de diciembre de 2013, CIR presentó una solicitud de registros de 1,3-D del departamento.

Dos meses después, el 19 de febrero, el director del departamento Brian Leahy emitió una abrupta decisión que dejó mal a los agricultores en todo el estado: El estado dejaría de conceder algunas de las excepciones que había estado haciendo durante más de una década.

El estado ya no permitiría que los municipios tuvieran números en rojo, volviendo al plan que Helliker originalmente había acordado en 2002. Pero todavía permitiría el plan “bancario” de Dow que Hall, la científica estatal, había dicho que no tenía ninguna base científica cinco años antes.

Funcionarios del departamento dijeron que consiguieron los datos de Dow a principios de 2013 y que les llevó casi un año analizarlos completamente. Una vez que los tuvieron, a finales de 2013, los datos mostraron niveles más altos de 1,3-D en algunas áreas que no eran aceptables para el estado.

Dow no está de acuerdo con la decisión del departamento de restringir excepciones. La compañía dijo que el estado analizó los datos de una manera problemática. Dow también dijo que durante su seguimiento, se utilizó más 1,3-D que lo normal, ya que estaba poniendo a prueba la exactitud de su modelo computarizado.

Dow agregó que los límites del municipio están basados en una ciencia anticuada y estimaciones conservadoras.

La compañía dijo que tiene datos nuevos y más específicos, que están basados en modelos por computadoras y monitoreo del aire, que “ahora permiten análisis más refinados, que siguen mostrando que el Plan original y las excepciones concedidas por (el Department of Pesticide Regulation (DPR)) para el Plan protegen la salud pública”.

Dow ha financiado nuevas investigaciones para demostrar que los límites del municipio son demasiado cautelosos. Allí dice que un reciente estudio realizado por un profesor de la Universidad de Indiana sobre la manera en que el 1,3-D causa tumores hepáticos en ratas es evidencia de que los humanos no son propensos a contraer cáncer por la exposición a los pesticidas.

Dow también encargó un estudio para demostrar que las personas no son tan propensas a estar expuestas al 1,3-D durante toda la vida, como el departamento asume, porque tienden a mudarse cada 25 años.

En una entrevista reciente, Helliker dijo en repetidas ocasiones que no podía recordar los detalles acerca de cómo tomó la decisión de crear las excepciones de municipios. También dijo que no podía recordar qué sistema se había establecido para asegurar que el banco de 1,3-D no tuviera problemas.

“No he mirado el mecanismo que pusieron, o que pusimos nosotros, en su lugar para manejarlo”, dijo Helliker, quien ahora es un importante funcionario estatal de aguas.

***

No todo el mundo está tan seguro como el estado de que el 1,3-D causa cáncer. Algunas organizaciones federales e internacionales lo consideran como un elemento posible o probablemente cancerígeno.

No hay evidencia directa de que la gente haya tenido cáncer a causa del 1,3-D. Pero esa gente ha enfrentado un riesgo mayor al cáncer que lo que los científicos estatales pensaron que era aceptable. También hay pocos estudios que han examinado los efectos reales sobre la salud, que están relacionados con vivir al lado de los lugares donde se utilizan fumigantes. Y además el cáncer puede estar latente durante años, por lo que es difícil vincular la causa y el efecto.

Hay tantos factores en juego, como la genética y otros contaminantes del medio ambiente, que es difícil rastrear el cáncer o un coeficiente intelectual inferior y establecer una conexión con un pesticida o cualquier otra causa específica. Para la gran mayoría de las sustancias que causan cáncer, los científicos no saben exactamente lo que desencadena la enfermedad y la cantidad de exposición que la causaría.

La estimación de riesgos químicos para los seres humanos es notoriamente imprecisa. La regulación de pesticidas se basa en gran medida en los cálculos basados en estudios de animales para extrapolar cómo la exposición podría afectar a los seres humanos. Las normas suelen incluir precauciones adicionales para proteger a las personas que son especialmente vulnerables, como los niños y los ancianos.

Para cada químico, el Department of Pesticide Regulation (DPR) de California debe considerar datos conflictivos de las ciencias y sopesar muchas incertidumbres.

California es considerado como un estándar de primer nivel para la regulación de pesticidas. Es uno de los pocos estados que van más allá de las normas federales de la Environmental Protection Agency (EPA). Dow, por ejemplo, dice que la regulación de 1,3-D de California es la más estricta del mundo.

La misión del departamento: “Proteger la salud humana y el medio ambiente mediante la regulación de la venta y utilización de plaguicidas, y fomentar el manejo de plagas con riesgo reducido.”

Sin embargo, dos científicos retirados de alto nivel dijeron a CIR que los líderes del departamento designados por cuestiones políticas no son muy directos para decir qué rol han jugado los agricultores y las empresas químicas para decidir la cantidad de pesticidas a los cuales los californianos pueden estar expuestos.

“Obviamente, pocos directores quieren tomar una posición y poner por escrito que cierto riesgo está bien”, dijo Joseph Frank, un toxicólogo retirado que trabajó con 1,3-D. La alternativa, dijo, es utilizar la ciencia para que apoye sus decisiones.

Jay Schreider, quien recientemente se retiró como científico del DPR, dijo que el departamento no es transparente sobre cómo los factores económicos ayudan a dar forma a sus decisiones sobre la exposición de los californianos a los pesticidas.

“Eso no está necesariamente a disposición del público”, dijo.

Funcionarios del departamento dijeron que sus decisiones siempre aseguran que la salud humana esté protegida, pero el desacuerdo entre la gerencia y los científicos es una parte natural del proceso.

“En nuestro departamento, dejamos que nuestros científicos estén en desacuerdo con nosotros, pero ellos saben que esa es su función”, dijo Marylou Verder-Carlos, directora asistente del departamento. “Así es en cualquier organización gubernamental. Los científicos cumplen un papel y los gestores de riesgos tienen otro papel, y así es como es”.  

 

Capítulo 4

 

Cuando el riesgo de cáncer de un pesticida es desconocido

Vastos campos de fresas corren a lo largo de un vecindario residencial en Oxnard, California.
Vastos campos de fresas corren a lo largo de un vecindario residencial en Oxnard, California.Crédito: Sam Hodgson para CIR

Con jeans y una gorra de béisbol, Edgar Terry se para en uno de los 12 ranchos que maneja en Oxnard, California.

Hay una fábrica que lanza humo a la distancia. Al lado de un campo hay un parque de oficinas y la Ruta Nacional 101, que corre junto a numerosas casas estilo rancho de color beige.

Los vecinos llegan con quejas a Terry. El sistema de sonido que usa para espantar a los pájaros ha sido confundido con disparos de pistolas. Sus tractores silban y rugen los sábados por las mañanas; por eso los vecinos quieren que empiece a trabajar más tarde, cuando el sol está alto y caliente. Ellos tienen preguntas sobre los pesticidas que usa y cómo los usa.

Terry dice que la mayoría de las veces, una vez que les explica, los vecinos se calman. Un año combatieron contra su plan para fumigar y él cedió.

“No quise meterme en una pelea”, dice.

La cosecha de fresas no resultó como él quería. Terry calcula que perdió medio millón de dólares.

Terry no fue siempre un productor de fresas. Como granjero de cuarta generación, dice que su familia se ha especializado históricamente en vegetales y legumbres. Pero las tierras de cultivo en la costa de California son caras, entonces se dedicó a los frutos (como las fresas) por el dinero que ellas generan.

“Si yo quiero mantenerme en el negocio, necesito cosechas que puedo producir aquí para poder vivir de eso”, dice Terry. “Todo depende de la demanda de los consumidores. ¿Cuántas libras de habas compras por año?”

Con la ayuda de los fumigantes, Terry puede conseguir 10 veces más frutos que frijoles en su tierra en una temporada. Y los compradores pagarán mucho más por esas frutas. Es una industria que ha prosperado recientemente: La cantidad total de acres de campos de fresas creció un 35% en California de 2002 a 2012 según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Terry todavía está calculando sus opciones. En esta temporada se asoció a la California Strawberry Commission para probar si se puede producir la fruta sin fumigantes en un suelo artificial.

En una esquina de su campo, cerca de la ruta, Terry exhibe un acre de fresas que se ven parecidas a las que se producen en otras partes de su propiedad. Filas de áreas de cultivo de 46 pulgadas de ancho han sido cubiertas con plástico negro. Grupos de frutas rojas estallan entre las hojas de las plantas. Debajo del plástico, a 5 pulgadas de profundidad, hay una fibra de coco en lugar del típico suelo que puede albergar tantos hongos y plagas.

El granjero Edgar Terry usa cloropicrina para fumigar sus campos de fresas. El estado dice que no tiene certeza de que la cloropicrina cause cáncer.
El granjero Edgar Terry usa cloropicrina para fumigar sus campos de fresas. El estado dice que no tiene certeza de que la cloropicrina cause cáncer.Crédito: Sam Hodgson para CIR

Investigadores y productores han estado realizando pruebas de este tipo a través de la región fresera, a veces con la ayuda del Department of Pesticide Regulation (DPR), con la esperanza de encontrar algo para reemplazar a los fumigantes.

A juzgar por lo que ve en su campo, Terry dice que esto podría funcionar. Pero el costo es mayor, alrededor de $5,000 a $8, 000 más por acre. Son las cadenas de supermercados -no los productores- los que definen el precio de frutas frescas y vegetales, pero si Terry pudiera pasar el costo de la producción libre de pesticidas a los consumidores, esto podría agregar $1 o $2 para una caja de frutas de $12 durante la temporada alta.

Por ahora Terry siente que tiene pocas opciones salvo colocar fumigantes en el suelo. Los americanos gastan 7 centavos de cada dólar de sus ingresos disponibles en alimentos. Los europeos, señala Terry, gastan generalmente 15 centavos.

“Tenemos la noción de que la comida tiene que ser barata”, dice. “No, no lo es. Si uno quiere que la gente se gane la vida, con salarios decentes y todas esas cosas bonitas que uno quiere, entonces la comida no es diferente de cualquier otro producto básico. Yo pienso que el consumidor americano no está pagando realmente el precio que vale porque la capacidad de producir cultivos a escala masiva nos ha hecho realmente eficientes”.

Terry ingresó al negocio después que las existencias de bromuro de metilo comenzaron a acabarse. Nunca llegó a usar yoduro de metilo; pocos lo hicieron. Y no usa más 1,3-D.

En su lugar, como muchos otros productores de fresas, Terry utiliza cloropicrina, el arma química de la primera Guerra Mundial que dio nacimiento a un género entero de fumigación en la agricultura de los Estados Unidos.

Esto también trae preocupaciones para la salud. La exposición constante en un corto plazo puede provocar severos problemas respiratorios e incluso la muerte. El Department of Pesticide Regulation (DPR) del estado no está seguro si causa cáncer.

En 2001 nuevos controles de aire de empresas de pesticidas detectaron preocupantes niveles de cloropicrina y llevaron al departamento a evaluar si sus protecciones eran adecuadas.

Nueve años después, luego de una extensa revisión, los directores del departamento enfrentaron una difícil decisión: ¿La cloropicrina causa cáncer? Si el estado decía que la cloropicrina era un cancerígeno, podría enfrentar límites más estrictos sobre cuánto podría ser utilizado.

El caso de la cloropicrina es un estudio en las tensiones para balancear el riesgo cuando no hay datos científicos suficientemente claros.

Hay un profundo desacuerdo científico sobre el tema. El EPA, National Toxicology Program and la Unión Europea no lo consideran un causante de cáncer.

En su reporte a sus jefes, los científicos del Department of Pesticide Regulation (DPR) encontraron algo de evidencia de que la cloropicrina podría causar cáncer. Ellos reconocieron que la conclusión estaba basada en información limitada: un estudio que mostraba a dos ratas hembras que desarrollaron tumores después de ser expuestas al químico.

La Oficina de Evaluación de Riesgos para la Salud Ambiental del estado y el Panel de Revisión Científico llegaron a la misma conclusión. Ambos son grupos independientes que sirven como chequeo y equilibrio contra la ciencia.

Ante este debate científico, el departamento tuvo que hacer una elección.

La decisión cayó sobre Chris Reardon, subdirector en jefe del departamento. Antes de llegar al departamento, Reardon había trabajado para el Manufacturers Council of the Central Valley, que representa a los procesadores de alimentos y vinos, entre otros, y para políticos estatales.

En el Año Nuevo de 2010, Reardon emitió la decisión de cómo California manejaría uno de sus pesticidas más usados. Su decreto: Después de mirar “las diferentes opiniones científicas sobre este tema, el asunto parece ser ambiguo en este momento”.

El estado está creando actualmente sus nuevas reglamentaciones sobre el uso de pesticidas para los productores sobre la base de que la cloropicrina no es cancerígena.  

 

Capítulo 5

 

Una escuela rodeada de pesticidas

 

Valeria García camina junto a campos de fresas rumbo a la Escuela Secundaria Río Mesa en Oxnard, California.
Valeria García camina junto a campos de fresas rumbo a la Escuela Secundaria Río Mesa en Oxnard, California.Crédito: Sam Hodgson para CIR

La vida de Valeria García está enmarcada por las fresas.

Ella ve una fila tras otra de ordenados campos de fresas cuando abre la puerta cada mañana de un día escolar y sale del bungalow de su familia justo cuando el sol se cuela por encima de las montañas y se muestra sobre la llanura de Oxnard en la costa central de California.

El olor es dulce, como el pasillo de una tienda de comestibles, y es sin dudas de fresas mezcladas con el aire matutino del océano. Los campos acompañan a García mientras ella abraza sus libros camino a la escuela, primero a lo largo del camino pavimentado que separa su casa de los cultivos. Cuando llega a la activa avenida central, unas pesadas líneas de energía zumban con energía y los carros pasan rápidamente.

A cada lado de la ruta, líneas interminables de campos de fresas industriales corren en la distancia, y sólo son cortados por la Rio Mesa High School. Aquí, García es la fundadora de la clase de mariachis de la escuela. Ella toca todos los instrumentos menos la trompeta.

García tiene planes para estudiar medicina en UCLA y cuenta con la posibilidad de unirse algún día a los atletas profesionales, abogados y bienhechores cuyas fotos se alinean en la pared de entrada de la oficina principal de la escuela.

Por ahora, sin embargo, ella se mantiene en Río Mesa, como una protagonista involuntaria en el juego de alto riesgo del cultivo de fresas.

Su familia se mudó a su casa hace 12 años, justo cuando el Department of Pesticide Regulation (DPR) del estado alteró las reglas diseñadas para proteger del cáncer a los residentes. Sus dos hermanas más jóvenes no han vivido en ningún otro lugar.

Cuando Río Mesa abrió sus puertas en 1965, el distrito escolar no esperaba que la escuela quedara rodeada de campos por mucho tiempo. Los planificadores creían que las granjas de la zona darían paso con el tiempo a viviendas.

Pero los campos no se han retirado. El equipo de fútbol americano de Río Mesa todavía juega junto a una granja y sus fanáticos ven los partidos desde las gradas que miran hacia una amplia extensión de campos de fresas.

Esto ha hecho de la escuela de García un semillero de preocupaciones por los pesticidas. En 1999, un grupo de familias latinas presentó una demanda federal de derechos civiles alegando que estaban siendo discriminados debido a la cantidad de bromuro de metilo utilizado cerca de sus escuelas.

La queja ubicaba a las escuelas de California con la mayor cantidad de bromuro de metilo utilizado cerca de sus instalaciones.

En la parte superior de la lista estaba una escuela primaria de Oxnard, donde se utilizaron cerca de 80,000 libras del químico en un año. La Río Mesa High School ocupó el segundo lugar. Nueve de las primeras 10 escuelas estaban en los condados de Ventura y Monterey.

En promedio, más del 80% de los estudiantes de estas escuelas era de minorías. El Acta de Derechos Civiles de 1964 prohíbe al gobierno federal la financiación de programas discriminatorios, y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos apoya la regulación de pesticidas en California.

Las familias afirmaron que el Department of Pesticide Regulation (DPR) permitió el uso de bromuro de metilo a pesar de los riesgos de salud desproporcionados para los estudiantes de minorías.

Por una docena de años se escuchó poco sobre el tema.

Para entonces, los estudiantes de Río Mesa se habían graduado y habían pasado a tener hijos propios, que irían a las mismas escuelas de Oxnard.

Luego, en 2011, la EPA emitió un informe preliminar poniéndose del lado de las familias.

El estado no está de acuerdo con el hallazgo, pero sin embargo resolvió el caso. El acuerdo no requiere limitar el uso de pesticidas. En cambio, el estado tuvo que mejorar sus esfuerzos educativos y realizar el monitoreo del aire de bromuro de metilo en dos lugares por unos años más.

En ese momento, el bromuro de metilo ya no era el fumigante que presentaba la mayor amenaza para la salud de los estudiantes. Los productores cercanos a Río Mesa habían pasado a otros fumigantes como el 1,3-D, el pesticida más usado en la zona. Los padres presentaron una nueva denuncia el año pasado para impugnar el acuerdo sorpresivo, argumentando que ellos deberían haber estado involucrados.

Los mismos monitores de aire que se utilizan para la prueba de bromuro de metilo también están recogiendo muestras de 1,3-D.

Lo que los maestros o los directores de Río Mesa no sabían es que un monitor de aire ubicado en la escuela ha estado recogiendo muestras de pesticidas.

Las regulaciones del estado aceptan que durante toda la vida, el 1,3-D podría causar un caso adicional de cáncer por cada 100,000 personas. En 2011 y 2012, el monitor de Río Mesa encontró niveles ligeramente por encima de las metas anuales que mantienen este nivel de riesgo de cáncer.

Eso significa que a pesar de que el director y los productores se aseguran de que nadie esté en la escuela cuando se aplican pesticidas, el 1,3-D aún persiste en el aire en Río Mesa.

Este es precisamente el tipo de información que Jeremiah Brennan y otros maestros en Río Mesa buscaban. No tenían idea de la existencia de esta información, a pesar de que la resolución legal pidió al Department of Pesticide Regulation (DPR) que mejore sus esfuerzos educativos.

Brennan ha pasado su vida entre la agricultura y el desarrollo suburbano que definen a Oxnard. 

Su abuelo (el padre de su padrastro) operaba una huerta de limones. Como niño, viviendo en una zona de casas prefabricadas en Oxnard, podía correr por los campos vecinos y recoger unos pepinos antes de salir corriendo a casa para comerlos con una pizca de sal. Hoy en día, como maestro de álgebra en Río Mesa, mira por la ventana y ve varias filas de campos de fresas a 20 metros de distancia. Su esposa, Ingrid, también enseña aquí.

Los productores han regresado obedientemente juguetes de naves espaciales que han volado hacia los campos durante algún proyecto de la clase de matemáticas de Brennan. Y además donan cajas de frutas todos los años para que la escuela pueda hacer su pizza de fresa en el Festival de la Fresa de California en Oxnard cada mes de mayo.

Aún así, Brennan está nervioso por el uso de pesticidas.

“Específicamente, si estás cerca de una escuela y estás tratando con niños, podrías hacer todo lo posible (y exagerar con la protección), por las dudas”, dijo. “Tal vez no en todas partes, pero sobre todo en las escuelas.”

Brennan se ha dado la tarea de leer acerca de la eficacia de la colocación de lonas de plástico que se utilizan para cubrir los campos después de aplicar los fumigantes. Además averiguó si existen monitores de pesticidas de bajo costo que podría utilizar para ejecutar su propio mini-experimento en el campus.

Pero ha sido difícil conseguir buenas respuestas. Así que, como muchos aquí, debe tener fe en que el estado lo está protegiendo a él y a sus estudiantes.

Bernice Yeung is a reporter for Reveal, covering race and gender. Her work examines issues related to violence against women, labor and employment, immigration, and environmental health. Yeung was part of the national Emmy-nominated Rape in the Fields reporting team, which investigated the sexual assault of immigrant farmworkers. The project won an Alfred I. duPont-Columbia University Award and a Robert F. Kennedy Journalism Award and was a finalist for the Goldsmith Prize for Investigative Reporting. Yeung also was the lead reporter for the national Emmy-nominated Rape on the Night Shift team, which examined sexual violence against female janitors. That work won an Investigative Reporters and Editors Award, the Society of Professional Journalists Sigma Delta Chi Award for investigative journalism, and the Third Coast/Richard H. Driehaus Foundation Competition. Those projects led to ​​her first book in 2018, “In a Day's Work: The Fight to End Sexual Violence Against America's Most Vulnerable Workers.”  

A former staff writer for SF Weekly and editor at California Lawyer magazine, Yeung has had her work appear in a variety of media outlets, including The New York Times, The Seattle Times, The Guardian and PBS FRONTLINE. She has a bachelor's degree in journalism from Northwestern University and a master's degree from Fordham University, where she studied sociology with a focus on crime and justice. She was a 2015-16 Knight-Wallace fellow at the University of Michigan, where she explored ways journalists can use social science survey methods in their reporting. Yeung is based in Reveal's Emeryville, California, office.

Kendall Taggart is a former data reporter at The Center for Investigative Reporting. Her recent project, America's Worst Charities, exposed systemic weaknesses in state and federal oversight of nonprofits. The series, produced in collaboration with the Tampa Bay Times, won the Barlett & Steele Award gold prize. Kendall also was part of the reporting team that uncovered flaws in the way school regulators in California inspect and certify public schools to ensure they are seismically safe. That series, On Shaky Ground, won the public service award from Scripps Howard and two awards from Investigative Reporters & Editors. Kendall is a Massachusetts native and graduate of Reed College. She has lived and worked in Chiang Mai, Thailand, and Trujillo, Peru.

Andrew Donohue is the deputy editor for Reveal. He works with the audience team to find out what the public needs from – and what it can contribute to – our reporting. Stories Donohue has reported and edited have led to criminal charges, firings and reforms in public housing, pesticide use, sexual harassment and labor practices, among other areas. As a reporter and editor, he’s won awards from Investigative Reporters and Editors, the Society of Professional Journalists, the Online News Association and others. Previously, Donohue helped build and lead Voice of San Diego, a pioneering local news startup. He was a John S. Knight fellow at Stanford University, where he worked on deepening engagement with investigative reporting. He serves on the IRE board of directors.